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Los que renunciaron

El profesor borró la fecha antes de que Lucía terminara de copiarla.

—No hace falta memorizar el día —dijo—. Hace falta saber qué norma estaba vigente.

En la pizarra quedó un rectángulo gris y la palabra RECURSO escrita en mayúsculas. Emilio Santos daba clase sin apuntes. Llevaba el Código Administrativo lleno de papeles adhesivos y una americana marrón que dejaba en el respaldo incluso cuando el aula estaba fría.

Lucía miró el reloj. Eran las siete y veintidós. Había llegado tarde y se había sentado en la última fila, junto al radiador apagado. En la mesa tenía el cuaderno, un bolígrafo azul y el recibo de la academia doblado dentro del temario. Debía pagar el mes siguiente antes del viernes.

—Un acto no se juzga con el formulario que existe hoy. Se juzga con el que existía cuando se produjo.

Alguien preguntó si eso entraba en el examen.

—Todo entra en el examen.

Hubo algunas risas. Lucía copió el número del artículo que Emilio había escrito debajo.

Durante el descanso, los demás bajaron a fumar o se quedaron junto a la máquina de bebidas. Marta, la mujer que se sentaba delante, abrió una mandarina y dejó la mitad sobre el cuaderno de Lucía.

—Te has perdido lo mejor.

—¿Qué era?

—Ha dicho que la Administración también se equivoca.

—Eso ya lo sabía.

Lucía esperó a que Emilio terminara de ordenar unas fotocopias.

Contó dos veces los juegos y volvió a empezar porque le faltaba una hoja.

—¿Los modelos antiguos se conservan?

—Algunos.

—Solicitudes. Anexos. Formularios que ya no están en vigor.

—Depende de quién los aprobara y de dónde se publicaran.

—Es un programa de vivienda de la Comunidad.

—¿Es para un supuesto?

—Sí.

—Busca la convocatoria y sus documentos asociados. No la página actual del programa.

—¿Ahí estarán los modelos?

—Deberían.

—Eso no quiere decir que estén. Hay convocatorias antiguas con enlaces rotos y anexos que se sustituyeron sin guardar la versión anterior.

—¿Y si no aparecen?

—Entonces necesitas que alguien conservara una copia.

Lucía pensó en la carpeta de su madre. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ocho, nueve.

—¿Las páginas de una solicitud pueden cambiar de número?

—Claro.

—¿Y los anexos?

—También. Una página y un anexo no son lo mismo.

Emilio buscó la fotocopia que faltaba debajo del Código y después en el cajón de la mesa.

—No sabría decirte cómo estaba numerado ese programa en 2021.

La segunda mitad de la clase trató sobre notificaciones defectuosas.

Lucía copió dos artículos y dejó el tercero a medias. En la hoja siguiente escribió: 3 NOVIEMBRE 2021. Debajo: 14 NOVIEMBRE 2021.

Al salir, había dejado de llover. Las baldosas de Atocha reflejaban los semáforos y la gente caminaba pegada a las fachadas para evitar el agua que caía de los toldos. Lucía bajó hacia la glorieta con el teléfono en la mano.

La página actual de Llave 25 tenía cuatro formularios descargables.

Ninguno estaba fechado. El documento de solicitud ocupaba seis páginas. La última incluía una autorización para consultar datos tributarios, laborales y de empadronamiento.

Antes de marcharse de casa de su madre, Lucía había fotografiado las hojas una a una. Abrió la imagen de la página seis. Terminaba con una declaración responsable. La ocho comenzaba con información sobre protección de datos. En el modelo actual, esas dos partes estaban seguidas.

Guardó el teléfono cuando llegó el autobús. No subió. Siguió hasta una copistería que cerraba a las diez y ocupó el ordenador tres. El teclado tenía borradas la A y la S. Buscó el título completo del programa. Aparecieron notas de prensa, anuncios de adjudicaciones y una fotografía de Malpica entregando unas llaves a una pareja. Pasó de largo.

Abrió una resolución de marzo de 2021. Solo ampliaba el crédito disponible. La siguiente corregía una referencia presupuestaria. Otra remitía a unos anexos que ya no estaban enlazados.

Durante veinte minutos no encontró un solo formulario.

Volvió a la convocatoria inicial, de 2019. Después abrió las modificaciones de plazo y una versión consolidada. El archivo se cargó por partes. Ciento ochenta y seis páginas.

Buscó la palabra renuncia. Veintitrés coincidencias.

La mayoría pertenecía a disposiciones sobre subvenciones.

Encontró un artículo que obligaba a comunicar cualquier cambio en las circunstancias del solicitante. Otro establecía que la renuncia debía ser expresa. Ninguno incluía los modelos.

Los anexos empezaban en la página ciento cuarenta y dos. El primero era la solicitud. El segundo, la relación de convivientes. El tercero, la declaración de ingresos. Continuó bajando hasta que la pantalla dejó un espacio en blanco y el ventilador del ordenador aumentó de velocidad.

—Ese se cuelga —dijo el encargado sin apartar la vista de la encuadernadora.

El documento reapareció en la página ciento cincuenta y nueve.

ANEXO VII.

Autorización para la consulta de datos por la entidad colaboradora.

La página pertenecía a una modificación de 2023.

Lucía abrió el historial del boletín. Había tres versiones anteriores.

El primer enlace devolvió una página de error. El segundo contenía la resolución, pero no los modelos. En los documentos asociados a una orden de octubre de 2020 encontró un archivo sin título, prorrogado al año siguiente.

El archivo tenía ciento doce megas y avanzaba despacio. Lucía miró el precio en la esquina de la pantalla. Quince céntimos por minuto.

Junto al ratón había una marca circular de café y una nota escrita a bolígrafo: NO APAGAR.

Mientras esperaba, escuchó dos veces el mensaje de voz que su madre había enviado por la tarde. «La llave era del buzón viejo. Tu hermano dice que no, pero es esa. He probado y entra. Cuando vengas te llevas las judías, que hice demasiadas.» Al fondo de la grabación se oía el televisor. Después Teresa decía algo lejos del teléfono y el mensaje terminaba.

El archivo terminó de descargarse.

Era una copia escaneada. Las páginas estaban torcidas y algunas tenían el borde negro. No permitía buscar palabras. Lucía fue pasando desde el principio: resolución, bases, criterios de puntuación, obligaciones de las entidades colaboradoras.

En la página treinta y ocho aparecía el nombre de Fundación Umbral entre otras seis organizaciones.

La dirección era la misma que figuraba en una de las hojas conservadas por Teresa. Un local en la avenida de Oporto. El teléfono había cambiado.

Los formularios empezaban en la página setenta y nueve. La numeración impresa en el pie no coincidía con la del archivo. Página uno: datos del solicitante. Página dos: unidad de convivencia. Página tres: ingresos. Las casillas eran iguales a las de la copia de Dani.

También lo eran el tipo de letra, el ancho de los márgenes y la línea gris que separaba el texto del pie.

La página seis era la declaración responsable.

La siguiente tardó en aparecer. Primero se mostró la parte superior, luego el centro. El escaneo estaba inclinado hacia la izquierda.

En el encabezado no decía renuncia.

Decía autorización.

Permitía a la entidad colaboradora consultar datos fiscales, laborales, catastrales y de prestaciones durante la tramitación. Debajo había ocho casillas. Las tres últimas se referían a información adicional solicitada por la Administración.

Lucía leyó la página completa. Después volvió a la seis y avanzó otra vez.

La numeración estaba en el borde inferior derecho. 7 de 9.

Pidió imprimir las páginas seis, siete y ocho. La siete salió manchada; la guardó igual.

Lucía pagó y guardó las tres hojas dentro del temario. En la calle, el aire olía a humedad y a aceite de los bares que cerraban cocina.

Caminó hasta la parada del autobús y se sentó bajo la marquesina.

Sacó las fotografías de la copia de Dani. Página seis. Página ocho.

Comparó los márgenes con las impresiones. Coincidían. En la hoja seis había una sombra junto a la grapa. La misma sombra aparecía en el documento oficial, producida por una línea del diseño.

La página que faltaba no era una renuncia.

Conservaba también la fotografía de la renuncia, tomada antes de devolver el expediente de Dani al lote. Abrió aquella imagen. La firma de Dani ocupaba la parte baja de la hoja. Encima empezaba el texto de renuncia. El margen inferior quedaba fuera de la fotografía.

Intentó recordar el original. El grosor del papel. La tinta atravesada. La posición de la firma.

El autobús llegó y abrió las puertas. Lucía no se movió. El conductor esperó unos segundos y volvió a cerrarlas.

En el modelo de 2021, también terminaba con una firma.