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Todo lo que ya estaba dentro

REGISTRO DE INCIDENCIAS. PLANTA 4. NEUROLOGÍA 23:08. Inicio de turno. Personal de limpieza: Nuria Varela. 23:41. Derrame de suero en pasillo este. 00:17. La puerta de la habitación 417 aparece abierta. Se informa a supervisión. 00:22. Supervisión confirma que la habitación 417 permanece fuera de servicio.

A las cuatro de la mañana, el hospital dejaba de parecer un lugar construido para curar.

Las luces continuaban encendidas, los monitores repetían sus pulsos y las ruedas de los carros chirriaban igual que durante el día, pero los pasillos ganaban metros. Las puertas cerradas parecían sostener algo con el pestillo.

Nuria llevaba doce años limpiando la planta de neurología del Hospital de San Telmo. Prefería la noche porque había menos supervisores y porque los pacientes dormidos no la miraban como si ella formara parte del mobiliario. Conocía el ascensor que se detenía entre plantas, el baño que se atascaba cuando llovía y la habitación donde las auxiliares bajaban la voz aunque estuviera vacía.

La 417 llevaba cerrada seis meses. Un hombre se había arrojado por la ventana. Después instalaron topes nuevos, retiraron la cama y dejaron dentro dos biombos, una báscula rota y cajas de guantes. Nuria entraba sola. No creía en habitaciones cargadas.

Si los lugares conservaran todo lo que ocurría en ellos, nadie aceptaría limpiar un hospital.

La primera nota apareció pegada al cubo amarillo.

NURIA VARELA, 46 AÑOS. PRIVACIÓN DE SUEÑO. NIEGA PROBLEMAS EN

DOMICILIO.

La letra era azul, apretada, de médico con prisa. Nuria arrugó el papel. Algún residente habría copiado el nombre de su tarjeta identificativa.

A la noche siguiente encontró otra hoja dentro del armario de detergentes.

FAMILIAR VARÓN, 22 AÑOS. NO LOCALIZABLE. ÚLTIMO CONTACTO:

MENSAJE SIN RESPUESTA.

Se la enseñó a Celso, el celador.

—Una broma —dijo él.

—¿Quién sabe la edad de Iván?

—Tú hablas de él.

Nuria no recordaba haber hablado de su hijo con Celso. Guardó la nota en el bolsillo.

MENSAJES 06:58. NURIA: He dejado tortilla en la nevera.

11:13. NURIA: Iván, contesta cuando te levantes.

18:44. NURIA: ¿Has cogido dinero del cajón?

02:06. IVÁN: luego 02:07. NURIA: Llámame.

02:15. Mensaje no entregado.

Nuria vivía con su hijo, aunque durante algunas semanas apenas coincidían. Iván dormía de día, salía por la tarde y volvía cuando ella ya se había marchado. Desde que abandonó el ciclo de informática, hablaban mediante platos en el fregadero, billetes que faltaban y mensajes cuya respuesta llegaba cuando ya no servía.

El jueves, al volver a casa, Nuria encontró la puerta del baño cerrada. Llamó.

—Iván.

El pestillo se abrió. Su hijo salió vestido, con el pelo mojado y una irritación roja bajo la nariz.

—¿Qué haces ahí tanto tiempo?

—Ducharme.

—No ha sonado el agua.

Iván la miró como si estuviera calculando cuánto debía enfadarse. Pasó junto a ella y cogió la chaqueta.

—No vuelvas tarde —dijo Nuria.

Él soltó una risa breve.

—Tú tampoco.

Esa noche, en la 417, había una cama.

Nuria se quedó en el umbral. La habitación seguía sin cortinas ni mesilla. Las cajas habían desaparecido. Sobre el colchón descansaba una sudadera gris que reconoció antes de ver la quemadura junto al bolsillo: Iván se la había hecho a los quince años, acercándose demasiado a una estufa.

En la pinza de la cama había una hoja.

INGRESO PREVISTO: 04:29. MOTIVO: DEPRESIÓN RESPIRATORIA. AVISO

REALIZADO POR FAMILIAR A LAS 04:17.

Nuria miró el reloj del pasillo. Marcaba las cuatro y nueve.

Sacó el móvil. Iván no contestó. Llamó otra vez. Mientras escuchaba los tonos, el monitor de la habitación se encendió.

No había cables conectados. En la pantalla apareció una línea verde y, a la derecha, una cifra: 86.

Bajó a 82.

—Celso.

El celador estaba al fondo del pasillo, empujando una camilla vacía. Nuria lo llamó de nuevo. Él no se volvió. La camilla entró en el ascensor y las puertas se cerraron.

La cifra descendió a 79.

Nuria marcó emergencias. Al oír la voz de la operadora, dio su dirección completa, el piso, el código del portal. Dijo que su hijo podía haber consumido algo, que estaba solo, que la puerta quizá tendría echado el pestillo. No añadió nada sobre una cama en neurología.

—¿Está usted en el domicilio? —preguntó la operadora.

—Voy.

—No conduzca deprisa.

Nuria colgó, dejó el carro en mitad del pasillo y corrió.

REGISTRO DE INCIDENCIAS 04:14. La trabajadora abandona la planta sin fichar. 04:16. Se detecta carro de limpieza frente a pared norte. No existe habitación en ese tramo según plano vigente. 04:17.

Salida por acceso principal.

Encontró la puerta de casa abierta. Los sanitarios habían llegado antes que ella y trabajaban en el cuarto de baño. Uno sostenía una bolsa de ventilación sobre el rostro de Iván. Otro recogía del suelo un blíster vacío y un trozo de pajita.

Nuria se apoyó en el marco. No reconoció el cuerpo hasta que vio la quemadura en la sudadera.

—¿Cuánto lleva así? —preguntó el técnico.

—No lo sé.

—¿Qué ha tomado?

—No lo sé.

Las dos respuestas le dolieron de una manera distinta.

En urgencias, Iván recuperó la respiración sin ayuda. Se enfadó al despertar. Preguntó quién había entrado en el piso. Dijo que no había sido para tanto. Nuria permaneció sentada junto a la cama mientras él intentaba reducir la noche a una mala mezcla y una dosis mal calculada.

—Te llamé —dijo ella.

Iván miró su teléfono. No había llamadas perdidas.

Nuria sacó del bolsillo las dos notas. El papel estaba en blanco.

No se las enseñó.

Aceptó una baja de dos semanas. Iván ingresó por voluntad propia en una unidad de desintoxicación, salió al tercer día y regresó una semana después. Nada se ordenó de una vez. Hubo mentiras, dinero perdido, una recaída y un desayuno en el que ninguno habló más de lo necesario.

Cuando Nuria volvió al hospital, pidió turno de mañana. Recursos humanos se lo concedió durante un mes.

Antes de empezar, subió a neurología. La pared donde recordaba la 417 era lisa.

Celso aseguró que la habitación estaba en el ala antigua y que llevaba años convertida en despacho. Nuria no insistió.

En el informe de alta de Iván figuraba la hora del aviso: 04:17.

II El cuerpo es otra habitación