Júlia escribe por encargo las palabras que otros no se atreven a decir: rupturas, disculpas, despedidas, conversaciones que deberían pertenecer a quienes las viven. Cuando acepta gestionar la separación de Marc y Helena, el trabajo deja de ser un servicio y se convierte en una frontera moral. ¿Quién habla cuando alguien paga para que otro ponga voz a su cobardía? ¿Y qué ocurre cuando la destinataria reconoce que esas palabras no son suyas?